jueves, 24 de marzo de 2011

CONVERSION, CAMINO A LA VIDA ETERNA

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Mateo 24.32-35

ESPERANZA DE SALVACION

LA CONVERSION, EL CAMINO A LA VIDA ETERNA

La conversión es un concepto muy importante en las Sagradas Escrituras. Debe entenderse en sus tres tipos básicos: conversión individual, conversión comunitaria y conversión como parte de un proceso permanente en la vida del creyente. El llamado a la conversión implica echar a un lado todo lo que aparte al creyente de Dios.

El proceso de conversión en el creyente, en su primera etapa,  inicia con el acto de creer y aceptar al Señor Jesucristo, continúa con el arrepentimiento verdadero, para luego, como vimos en nuestro articulo anterior, aceptar el bautismo como un acto de fe para confirmar en quien  ha creído. La segunda etapa del proceso de conversión, es la que ha de caminar el creyente para obtener su santificación y llevar una vida de consagración a Dios. Esta segunda etapa del proceso es donde muchas doctrinas “cristianas” tuercen la palabra de Dios, llevando al relajamiento la Doctrina de Cristo.


1.     ¿Qué es la conversión?

Es un proceso de cambio, en donde el convertido ha dejado una vida de pecado, pasando  de la oscuridad a la luz, como testimonio de haber aceptado al Señor Jesucristo en su vida.


“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”

 (2 Corintios 5.16-17)

2.     El acto de creer, como inicio de la conversión.

La vida del hombre esta vacía sin tener a Cristo en su corazón. El acto de creer y aceptar a Cristo llena ese vacío.


“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”
(Juan 4.39-42)

3.     La fe (creer) debe traer un arrepentimiento verdadero.


a) La inducción en el conocimiento de la Doctrina de Cristo nos lleva a reconocer nuestros pecados, y nos lleva al arrepentimiento

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”

(Isaías 55.7)


b) ¿Y como podemos reconocer nuestra condición de pecado?


“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”

(1 Corintios 6.9-11)

“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”

 (Efesios 5.3-5)

4.     El conocimiento de las escrituras, indispensable para entender y aceptar la voluntad de Dios.

El ejemplo de Felipe, llamado el evangelista, y el eunuco etiope:


“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este:
Como oveja a la muerte fue llevado;
Y como cordero mudo delante del que lo trasquila,
Así no abrió su boca.
En su humillación no se le hizo justicia;
Mas su generación, ¿quién la contará?
Porque fue quitada de la tierra su vida.

 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”

(Hechos 8.30-38)

El arrepentimiento, confesión de pecados y bautismo vienen cuando hay conciencia del creyente, en su edad adulta.


5.    La conversión es un proceso continuo.

Dios demanda frutos de arrepentimiento, es decir, dar un cambio a nuestra forma de vida, de pensar y actuar


“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”

(2 Corintios 5.16-17)


6.    Enseñanza de la conversión del Apóstol Pablo


a) El Apóstol Pablo fue perseguidor de la Iglesia y convertido por el Señor Jesucristo. (Algunos renegábamos o podremos estar renegando de las cosas de Dios)


“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén… Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?...”

(Hechos 9.1-4)

b) El Apóstol Pablo mostró humildad, necesaria para seguir al Señor. (Dios quiere un corazón arrepentido y humillado de los conversos)


“El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?...”

(Hechos 9.5-6)

c) La condición en que vivía el Apóstol Pablo era del pueblo conocida y causaba temor a la iglesia. (Nuestra condición de pecado, que estamos dejando, causa  incredulidad a quienes nos conocen)


“Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo”

(Hechos 9.26)

d) El arrepentimiento verdadero y la fe en Cristo, motivo al Apóstol Pablo a recibir el bautismo.


“… dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado”

(Hechos 9.17-18)

e) El Apóstol Pablo fue un hombre de Dios, llamado para un fin especial


“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;…”

(Hechos 9.15)

Todos los convertidos tienen un llamamiento especial para anunciar las buenas nuevas del Reino de Dios, y arrebatar almas de la oscuridad.


“Entonces él (Jesús) les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento

(Lucas 15.3-7)

NOTA:
La última expresión en negrita no refiere a que haya personas justas o buenas. El Señor Jesús lo emplea a manera de que se comprendiera la parábola, como a continuación lo expreso en otro pasaje:

“Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios”

 (Lucas 18.18-19)



CONCLUSION

La conversión es un activo compromiso con Cristo mediante el poder del Espíritu Santo, que continúa durante toda la vida del creyente y que conduce al hombre a la liberación de estructuras de injusticia, violencia, mentira y esclavitud. La verdadera conversión libera al individuo de toda forma de idolatría y restaura su relación con Dios.
La conversión se puede entender, en su aspecto negativo, como el arrepentimiento:

“… sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”, (Hechos 26.20)

Y en su fase positiva es la fe:

“Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor”, (Hechos 11.21).

Así entonces, la verdadera conversión se levanta sobre el arrepentimiento y la fe, que llevan al creyente no solamente a observar una nueva forma de vida, sino a una transformación espiritual completa:

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”, (2 Corintios 3.18).




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